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Conoce la Historia de una Mariposa

Imagínense a la cuncuna.

Ese animal que me gusta tanto, se levanta una mañana llena de espinas y tratando de coordinar todas sus patitas, porque si a nosotros nos cuesta coordinar dos, ¡imagínense una cuncuna!

Y un día se siente tan mal que el cuerpo le pesa, no puede caminar, le empieza a salir una cosa rara en la piel… “esta es una enfermedad de muerte”, dice la cuncuna… “esto es cáncer seguro”, “debe estar infectado esto”. Y ya, cuando no puede más se aprieta contra un árbol y dice: “¡Dios mío por qué me has abandonado!”.

Y el ataúd la cubre, y ya no puede volver a ver el sol y toda su existencia de cuncuna se acabó y no se puede mover. Ni siquiera puede pensar: “¡Dios por qué me dejaste así!”.

Ni comer puede. Es terrible prisionera… todo se empieza a abrir y está es la peor parte: “No soy la misma, ¿quién soy? No soy cuncuna, ¡no soy nada!”.

Yo sé que a algunos les está sonando conocido, “he dejado de ser lo que era, ya nadie me va a reconocer”. “No me puedo mover, estoy completamente inmovilizado”.

Y ahí empieza la verdadera lucha a la evolución. Sólo sobrevive aquella cuncuna que entiende que no importa que no sea lo que quería ser, lo importante es que se debe mover. La cuncuna que se mueve y que se sigue moviendo a pesar de todo. La cuncuna que hace movimientos aunque no sepa exactamente que parte de su cuerpo son. Es esa la cuncuna que abre sus alas. Hay otras cuncunas que al abrirse el capullo, al no reconocer sus partes, no se mueven más y ahí se quedan con la oportunidad, pero nada más sólo llegaron a tener la oportunidad.

Y están esas cuncunas parecidas a ustedes, que ya no reconocen ni siquiera sus patitas. Aunque no queda ninguna espinita de ellas tratan de mover sin saber cómo, desarticuladamente lo nuevo, lo extraño, con fe. Fe en que lo que pasó, tenía que pasar y lo que viene, tendrá que ser. ¡¡¡Y así abre sus alas!!!

Entiendan que la vida está llena de momentos difíciles. La vida está llena de momentos en que no nos reconocemos y a veces, es el momento previo a lo que es la culminación, o al menos, el principio de la culminación de mi existencia. Y ese, es el momento más difícil,  cuando ya no soy lo que fui. Es ese el momento, cuando yo no sé cuáles son las partes que tengo. Ni reconozco cuál es mi cuerpo, y no sé cómo pararme frente a la vida, porque ya soy diferente, porque ya no soy lo que fui.

Y sólo me entrego a Dios y al instinto, y sin saber cómo o  por qué,  no lo pienso. Porque si lo pienso, no lo puedo hacer. Sólo dejo que ocurra. Abro unas alas que nunca sospeché que iba a tener y después de eso, cuando ustedes estén un poquitito más grandes va a venir el próximo paso en que voy a descubrir que esas alas servían para volar. Para eso deberé lanzarme al vacío y eso sí que va a requerir fe, total y absoluta fe, confianza y certeza.

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